30/5/16 | By: Alherya Bennet

A la luz de las velas

Las sombras bailan en la pared al unisono junto a las llamas de las velas. Apenas hay un par, pero la luz no es necesaria ahora. No… la luz estropearía éste momento, lo arruinaría.
Había entrado en el cuarto mientras yo intentaba dormir tras una ducha caliente. El pelo completamente empapado, mi cuerpo aún húmedo… Reptó desde la puerta hasta la cama, silencioso. Lentamente me había destapado, observando mi cuerpo desnudo, con alguna que otra gota.

De eso hace… no sé, he perdido la cuenta del tiempo entre sacudida y sacudida. Mi cuerpo se mueve al compás de cada uno de sus movimientos, dando pequeños saltitos encima de él. De pronto, me aparta y me tira otra vez sobre el colchón, violentamente. No vuelve a entrar en mí, si no que se dedica a rodear mi cuerpo con la lengua, entreteniéndose en mis pechos. Se divierte viendo cómo le necesito, disfruta viendo cómo le ruego.
Ríe, volviendo con una de sus acometidas. ¡Ah! No, no es un gemido, aunque eso le parece a él y me lo hace con más fuerza, con más ganas. He apagado una de las velas con el dorso de la mano. Duele, pero el placer hace que pronto me olvide de ese dolor. Atrapo su cintura entre mis muslos, ahora no me la podrá jugar. Le araño suavemente la espalda.

El silencio es lo único que hay en la habitación, pero de pronto le oigo jadear. Sí, está a punto de irse. Me lo hace hasta jadear, y es en ese momento cuando… Maldita sea. Suena el despertador. Enciendo la luz, lo apago y… todo había sido un sueño. Me doy la vuelta, ahí sigue estando él. Abre los ojos, sonríe y mira mi cuerpo aún desnudo. No, no había sido un sueño.
Apaga la luz, me besa con toda la ternura que podría tener un primer beso y vuelve a rodear mi cuerpo con sus cálidas manos.

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