9/5/16

Calima

Alcé mi mirada hacia él, tratando de encontrar algo en sus ojos que me dijera lo que sucedía, si era real o no aquello que ocurría. Súbita y violentamente, nuestras manos se separaron. Dejé de notar su cálido tacto y me quedé helada, como si él… fuera aquello que me mantenía en mí misma, como si mi vida dependiera de él. Me quedé sumida en un profundo sueño, un vertiginoso remolino que me arrastraba hacia el abismo. Ah, su mirada, sus labios, su rostro junto a sus hombros. Todo él es un orgasmo de sensaciones, junto a su olor y su aliento, que me envuelven cual calima y me envenena lentamente. Y cuando roza su piel con la mía, un latigazo de placer me sacude el cuerpo. Como llamas entremezclando su fuego se funden nuestras lenguas, como bravías olas que chocan entre sí se unen nuestros cuerpos para formar un único mar, en el que yo me ahogo. Es cuando asciendo a la superficie cuando de entre mis labios escapa el delator de mi placer.

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